“Todo lo que pasó fue una locura”. La frase quedó cerrada pero inconclusa. Antes de que AgustÃn, el papá de los dos muchachos asesinados el martes a la tarde en un campito de Blomberg al 3400, pudiera completarla, las lágrimas se le atragantaron en la garganta.
Pasado el mediodÃa de ayer los cuerpos de Angel Cacu Acosta y su hermano AgustÃn Ramón Piqui Acosta comenzaron a ser velados en un humilde garaje ubicado sobre las vÃas del Belgrano, entre Palestina y Vieytes, en los confines del asentamiento llamado Ciudad Oculta y el barrio Rucci. En el lugar los carreros velaban a los suyos y la congoja era parte del paisaje.
Más temprano, durante la madrugada, dos de los hermanos apuntados por el barrio como los asesinos fueron detenidos en una vivienda de Tres Sargentos al 4200, en el lÃmite del barrio Nuevo Alberdi y el noroeste del municipio, a unas diez cuadras de la escena del crimen. Ahà fueron apresados por efectivos de la comisarÃa 34 y la sección Homicidios Alejandro Cristian D.V., de 23 años y apodado Keko; y Ramón Irineo Camel D.V., de 24 años. “Uno de ellos estaba escondido debajo de su cama”, precisó el jefe de la Agrupación Unidades Especiales (AUE), comisario Hugo Miranda.
En la vivienda allanada por orden de la jueza de Instrucción Mónica Lamperti no se hallaron armas y tampoco estaba Gaby, otro de los hermanos D.V., de 18 años, apuntado por los investigadores y los vecinos como la persona que disparó contra Piqui, quien murió baleado. Cacu, la otra vÃctima, murió a raÃz de un importante traumatismo en el cráneo, a la altura de la nariz, provocado posiblemente con la culata de un arma larga.
El adiós. Cuando La Capital llegó ayer, pasado el mediodÃa, al lugar donde comenzaban a despedir a Cacu y Piqui, AgustÃn Acosta y su familia no daban más. Cada frase sobre lo sucedido los desgarraba. El humilde lugar donde se velaban los cuerpos está a un costado de la vÃa, entre las calles Palestina (prolongación de Grandoli) y Vieytes. La bosta de los caballos sobre las vÃas eran indicio de un lugar de carreros. El resto de la escena la dominaba la pobreza. Vecinos y familiares por decenas tenÃan los ojos rojos de tanto llorar.
AgustÃn padre reside en ese lugar de toda la vida. “Mis hijos nacieron todos acá”, explicó el hombre con palabras básicas. AgustÃn tuvo 13 hijos. Cacu y Piqui eran los mayores. Cacu tenÃa un hijo y Piqui tres. Todos trabajaban como carreros. “¿Por qué paso todo ésto? Por un par de caballos, porque para un carrero su caballo es el medio de vida, su herramienta de trabajo”, explicó AgustÃn. “Ya habÃamos tenido problemas con estos muchachos. Una vez nos robaron un animal y no lo recuperamos más. Por ahà pasaban y te cargaban o te decÃan: «Ahora te voy a robar otro caballo». Se hacÃan los malevos y si respondÃamos amenazaban: «Ahora voy a venir y te voy a matar»” recordó AgustÃn.
La promesa. Asà se llegó al martes a las 15. A esa hora, según relató el padre de las vÃctimas, su hijo de 14 años cuidaba unos caballos en el descampado donde un par de horas más tarde se cometerÃan los crÃmenes. El campito tiene un par de senderos forzados por el paso de los carros y yuyales de más de un metro y medio. Cuando el hermano de las vÃctimas estaba con los caballos apareció Gaby y le dijo: “No sólo te voy a robar los caballos, también voy a matar a tu familia”. El pibito corrió espantado los 250 metros que separan el descampado de su casa. Encontró a Cacu y Piqui y les contó. Los hermanos fueron resueltos a enfrentar a Gaby. Lo pusieron en fuga aunque antes de irse prometió venganza.
Gaby volvió al rato. Y no lo hizo sólo. Llegó con otros cuatro muchachos, dos de ellos sus hermanos Keko y Camel. La reyerta se resolvió entre los yuyales. Como nadie sabÃa de la suerte de los Acosta, una hermana de AgustÃn, tÃa de las vÃctimas, fue hasta el campito a ver si los veÃa.
A las 17.30, a la hora que los chicos salen de la escuela, la mujer se topó con los cuerpos. Piqui tenÃa un balazo que le ingresó por la espalda y le salió por el pecho. Cacu tenÃa un importante traumatismo en la cara a la altura de la nariz. Los vecinos recuerdan los gritos desgarradores de la mujer al encontrar los cuerpos de sus sobrinos. Hoy por la mañana a los hermanos los sepultarán en el cementerio La Piedad.


